La era del Estado-Fortaleza

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América consolida la tendencia en alza de un nuevo movimiento político a nivel global. Pero el éxito de Trump no es un caso aislado, la posible victoria del ‘Front Nacional’ de Marine Le Pen en Francia, la victoria del ‘sí’ al ‘Brexit’ o el auge de partidos políticos marcadamente xenófobos en numerosos países de la Unión Europea demuestran que se trata de fenómenos que, si bien mantienen una idiosincrasia propia en cada lugar, muchos de sus elementos se expresan de manera internacional.

Paradójicamente, uno de los elementos comunes que comparten estos movimientos es la pretensión de cerrar sus respectivos países a la influencia de personas, religiones y culturas extranjeras. Puede que el factor anti-inmigración no sea el único que explica estos fenómenos, pero sí es un factor común a todos ellos. Aunque en la mayoría de los casos el sistema mediático intenta denostar estos movimientos xenófobos (con mayor o menor éxito), cabe preguntarse si son los propios medios de comunicación quienes han contribuido a crear o fomentar esta imagen negativa de la inmigración.

Inmigración y estereotipos

La propia Unión Europea reconoce en un informe de 2014, publicado por el Instituto Universitario Europeo (EUI), la existencia de una serie de estereotipos relativos a la influencia de la inmigración que se han formado en el imaginario de las sociedades europeas. Se recalca a su vez que Europa necesita de la inmigración para solucionar problemas de tipo demográfico y socio-económico.

El informe no se centra en cuestiones morales relativas a la solidaridad de las sociedades occidentales para con los migrantes y refugiados, sino en desmontar estereotipos manidos. Se desmiente así la idea de que los inmigrantes ocupen puestos de trabajo de personas nativas y por tanto perjudiquen su economía. No es casual que, con este tipo de argumento, los recientes movimientos xenófobos hayan conseguido movilizar el voto de una clase trabajadora (tradicionalmente socialdemócrata) que ha visto reducidas sus condiciones materiales y ha sentido la desprotección absoluta tras las políticas de austeridad.

Según el estudio sobre las actitudes hacia la inmigración realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2014, casi el 50% de los españoles afirman que los inmigrantes quitan trabajo a los españoles, y más del 65% está de acuerdo con la idea de que contribuyen a reducir los salarios al aceptar salarios más bajos. Esta relación entre la inmigración y el deterioro del mercado laboral no se ajusta a la realidad tal como señala el sociólogo Jorge Galindo en un artículo sobre este estudio: “Es comprensible que estas creencias estén tan extendidas, al fin y al cabo, la lógica más inmediata parece estar a su favor…El problema es que esta lógica es solo aparente”.

Jorge Galindo: “Desde luego, es difícil defender que los efectos de la inmigración en España sobre la tasa de ocupación han sido negativos”

Otro cliché repetido hasta la saciedad que desacredita el citado informe del EUI es el hecho de que los hijos de familias migrantes perjudiquen el nivel educativo de los demás estudiantes. En un artículo referente a un estudio de 2005 de la Universitat Pompeu Fabra, el periódico La Vanguardia titulaba: “más de tres alumnos inmigrantes por aula dispara la media de suspensos de la clase”. Se establece así una tramposa relación causa-efecto entre inmigración y fracaso escolar, sin embargo, no se analizan estas estadísticas en clave de renta. Es decir, los resultados de este estudio se explican fácilmente si atendemos al hecho de que los inmigrantes suelen establecerse en barrios de menor renta, y obviamente los alumnos de barrios donde existen menores oportunidades y entornos menos favorables al aprendizaje y estudio, obtienen peores resultados académicos.

Los españoles ante la inmigración

Aunque en el último barómetro del CIS sobre las preocupaciones de los españoles los ciudadanos no señalan la inmigración como un gran problema (solo es uno de los tres principales problemas para el 3’2% de los encuestados), en el año 2006 llegó a ser el principal problema de los españoles.

Este descenso se explica si tenemos en cuenta que desde el inicio de la crisis, los españoles han desviado sus preocupaciones hacia cuestiones económicas (paro, estado de la economía) o políticas (partidos políticos, corrupción), por lo que no está claro que se esté acabando con la visión estereotípica de la inmigración. Por el contrario, el número de encuestados que señalan el racismo como problema (0’4% en el último barómetro) es prácticamente testimonial.

El inmigrante en los medios

La serie de connotaciones negativas que tiene la inmigración para los españoles, al igual que para el resto de europeos (la inmigración es un problema para el 24% de los europeos), no solo ha sido instrumentalizada por diversos partidos políticos, también los medios han contribuido a crearla. Salvo en contadas ocasiones, no se abordan las causas reales de la inmigración, ni se cuestiona la política migratoria de la Unión Europea, ni se hace pedagogía al respecto de los problemas de los migrantes en los países receptores.

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24/07/2016. El Mundo Ed. Digital

Pero esto no significa que la figura del inmigrante no aparezca en los medios, al contrario, los inmigrantes a menudo copan las portadas de los periódicos y llenan los noticiarios de televisión, eso sí, la información no suele ser precisamente positiva.

Aunque la nacionalidad del implicado no tenga relación alguna con los hechos de los que se informa, si se trata de inmigrantes, esta se suele señalar, en cuestiones como la violencia de género, la delincuencia o el terrorismo. Incluso si el implicado es alguien de nacionalidad española, basta con que tenga un familiar inmigrante para que aparezca la inmigración ligada a cuestiones negativas, por lo que se dice de él que es inmigrante de segunda o tercera generación, o que es de origen extranjero.

A la hora de tratar información sobre la llegada a España de personas migrantes o refugiadas, también son frecuentes los casos de mala praxis periodística. No son pocos los medios (TVE, El País, ABC, La Razón, Antena 3…) que tachan de “asalto” en lugar de “salto” los intentos de grupos de migrantes para llegar a Ceuta o Melilla, o que hablan de “avalanchas masivas”, creando un alarmismo innecesario.

El imaginario colectivo y las cifras reales

Tanto es así, que concebimos las fronteras de Ceuta y Melilla como los grandes puntos de entrada de inmigrantes a Europa. Nada más lejos de la realidad, según un informe de la ONG Accem realizado a partir de datos oficiales (2012) del Ministerio del Interior y la agencia Frontex, la inmigración irregular que proviene de Ceuta y Melilla supone el 3’9% de la inmigración irregular de toda la UE. De hecho, España solo soporta el 9% de toda la inmigración irregular de la Unión Europea, por lo que no se trata de una presión migratoria excesiva o inasumible.

Accem: “El enfoque alarmista de los datos sobre inmigración alienta la xenofobia”

Todo esto, sin tener en cuenta que muchos de los inmigrantes en situación irregular no llegan atravesando una frontera, sino que entran de manera legal en el país receptor y no se marchan cuando acaba el período de estancia. Sin embargo, según el anteriormente citado estudio del CIS sobre actitudes hacia la inmigración (2014), más de un 30% de los encuestados declaraban que el número de inmigrantes en España es elevado, y casi un 40% que es excesivo.

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